ANTECEDENTES DE LA OLIVICULTURA EN EL URUGUAY
El la década del ’50 se realizaron plantaciones de olivos en los departamentos del litoral oeste, principalmente Paysandú y Río Negro en extensiones grandes, y en departamentos del sur, como Canelones, en chacras mas pequeñas y como complemento de otros rubros, que eran los principales. En total existían unas 1.000 has. Al igual que en el resto del mundo el consumo de aceite de oliva, en los años siguientes, se redujo por la expansión de aceites de girasol y soja principalmente, lo que trajo como consecuencia el abandono de muchas de estas plantaciones, ya que no resultaban competitivas, en precio, con dichos aceites.
Si embargo recientemente tras el incremento del consumo de aceite de oliva en el mundo, debido a la preocupación cada vez mayor de los consumidores por incluir en sus dietas productos sanos, con propiedades medicinales, y a las cuales el aceite extra virgen cumple por ser un aceite que se extrae por medios mecánicos solamente moliendo y prensando las aceitunas si usar productos químicos de ninguna especie, se ha producido un aumento de las plantaciones a nivel mundial y regional, no escapando a este efecto nuestro país. Tal es así que se han recuperado algunos de los olivares viejos que habían sido abandonados, logrando producir a nivel comercial aceites de excelente calidad que se comercializan con éxito en al mercado interno y en Europa (Francia).
A partir del año 2000 se han realizado nuevas plantaciones en prácticamente todo el país (Rivera, Durazno, Lavalleja, Paysandú, Río Negro, Colonia, Canelones), con una muy buena expectativa de producción, debido a los excelentes recursos naturales que poseemos, y a la alta rentabilidad que se espera obtener de la producción de aceituna, tanto para elaborar aceite extra virgen, como para aceitunas de mesa.
Tenemos ventajas comparativas para la producción, a nivel de la región sur del país, que son, la posibilidad de desarrollar el cultivo en condiciones de secano (sin riego) ya que el régimen hídrico del País lo permite (1200 mm de precipitación por año, y el olivo requiere 600 a 800 mm por año para obtener buenas producciones), una muy buena infraestructura, tanto de servicios en general como de rutas y caminos, que permiten que la producción de cualquier olivar llegue rápidamente a la almazara para ser procesado en el mismo día de la cosecha, factor imprescindible para conservar las propiedades organolépticas del aceite.
